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LIMPIEZA FORENSE MADRID, COMUNIDAD MADRID

Publicado 13/11/2018

Limpiezas González, la empresa de la que es dueño Manuel, nació por ejemplo hace cuatro años. Con sede en Hellín, al principio era una empresa de limpieza corriente y moliente, dedicada a fregar escaleras y portales de comunidades de vecinos, oficinas, sucursales bancarias... Hasta que un día les llamaron del juzgado de Albacete para solicitarles una limpieza traumática. A partir de ahí, les fueron llamando cada vez más y más para ese tipo de servicios, hasta el punto de que acabaron especializándose en esa rama. En la actualidad, sólo realizan limpiezas traumáticas, y les va muy bien. "Tenemos muchísima demanda, cada vez más. Sólo en lo que va de año ya hemos hecho más de 30 limpiezas de este tipo", asegura.

Manuel y su equipo, siete personas en total, se encuentran hoy en Santa María de la Alameda, un municipio de unos 1.200 habitantes en la sierra noroeste de Madrid. En un chalé pequeñito de esta localidad, construido en los años 40 con piedra y tejas rojas, residía un guarda jurado afectado por el síndrome de Diógenes, un trastorno que le llevó a acumular en su domicilio grandes cantidades de basura y de desperdicios.

Hace unos días el hombre falleció, pero sus vecinos sólo se percataron de ello cuando de la vivienda comenzaron a salir unos efluvios aún más fétidos de los habituales. Llamaron a las autoridades, que certificaron la muerte del sujeto y retiraron su cadáver.

 

JOSÉ S. GUITIÉRREZE. M.

Pero la casa se encuentra en un estado absolutamente lamentable. No sólo está sucia por los kilos y kilos de basura acumulados por el fallecido. Además, al haber estado su cadáver desatendido durante varios días, hay numerosos restos biológicos en el dormitorio en el que tuvo lugar la defunción. "Las uñas, el cabello y las yemas de los dedos son lo primero que se desprende del cuerpo", nos alecciona Manuel. Por no hablar de que, a las 24 horas, atraídos por la descomposición, en un cadáver empiezan a aparecer larvas de la moscarda, el gusano de la muerte y otros insectos. Manuel y su equipo de Limpiezas González han recibido el encargo de asear este lugar.

David, de 23 años, y Pilar, de 42, son los miembros de Limpiezas González que se ocupan de retirar los restos biológicos. "Lo peor es meterte en la piel de la víctima y en la de sus familiares", dice él. "Y también es terrible lo que ves, lo que hueles", apostilla su compañera Pilar. "Mira por ejemplo ahí...", dice señalando con el dedo el colchón, tirado en el suelo, en el que tuvo lugar la defunción. "Se distingue perfectamente la silueta del fallecido, porque con el tiempo los cadáveres literalmente se derriten. Es bestial. En este trabajo ves cosas muy fuertes, que te hacen pensar mucho, que no consigues sacarte de la cabeza", asegura.

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